jueves, 21 de septiembre de 2017

Travesía Cueva del Tinganón (Llovio, Ribadesella, Asturias)

En las proximidades de la pequeña localidad de Llovio, en Ribadesella (Asturias), se localiza esta maravilla de la espeleología que, con poco caudal, es adecuada para hacer con niños. El entorno es igualmente único. El día seleccionado para hacer esta actividad, sin saberlo, coincidió con el descenso del Sella, época en la que esta zona está totalmente abarrotada de visitantes. Afortunadamente la zona de la cueva del Tinganón, incluso en estas fechas, está solitaria.

Por la autovía asturiana, vertebradora de esta autonomía, y totalmente libre de peajes, no como lo que tenemos en Galicia, en la que vayas donde vayas, o pagas duro, o te comes unas carreteras infernales repleta de pueblos a 50 kms/hora., cogemos desvío a Ribadesella. Al poco de salir de la autovía nos topamos con una gran rotonda al lado de la localidad de Llovio. A derecha nos iríamos a Ribadesella. Y a la izquierda, hacia Arriondas. Sin tomar ninguna de las principales, en plena rotondo, antes de dar la vuelta a la autovía, cogemos una pequeña carretera que nos lleva, en poco más de 100 metros, a un paso por debajo de la autovía. Unos metros antes localizamos un amplio aparcamiento, lugar en el que dejaremos nuestro vehículo. Se incluye un fichero kmz para google maps-earth con la ruta de aproximación hasta boca de cueva. En total 1,6 kms desde el vehículo que, con la vuelta, supone un paseo de más de 3 kms. con un desnivel de 190 metros.

Desde el aparcamiento, seguiremos por la carretera y atravesaremos por paso inferior la autovía. Al otro lado veremos que el camino principal sigue recto. Cogeremos desvío a la derecha e iremos rodeando un prado vallado (siguiente fotografía).

Señalar que esta actividad, pensada con niños, se debe realizar en época de estiaje. En otro caso, tanto el sendero de aproximación, como la propia travesía del Tinganón, podría ser impracticable, o no recomendable para hacer con pequeños. En nuestro caso, aunque era un 5 de agosto, había llovido mucho. De hecho, el día también amenazaba lluvia. Lo dicho, en estas condiciones, tanto el sendero, en alguno de sus puntos, como la propia cueva, pueden convertirse en no aptos para una actividad espeleológica-sendero con niños. En nuestro caso, al no conocer, ni el sendero, ni la cueva, decidimos iniciar la actividad y dejar la toma de decisiones para cada momento-situación que nos fuésemos encontrando.


Aunque llevábamos el track de la aproximación, al enfilar el camino que rodea la pradera, nos lanzamos camino arriba y, como suele pasar en algunas ocasiones, nos "embarcamos".

NOTA para que no os pase lo mismo.: Al poco de empezar a rodear el prado vallado, antes de iniciar cualquier subida, aproximadamente a los 50 o 100 metros, hay un cartel de madera que señala a la izquierda, que está ligeramente tumbado-caído. Este cartel parece que indica camino arriba, pero no, lo que indica es que saltes la valla del prado, por una instalación-escalones de maderos que evitan salga el ganado, para continuar ruta por el interior del vallado por su borde, siempre respetando la pradera.

Lo dicho, nosotros seguimos por el camino principal, con cierta pendiente ascendente, y nos embarcamos monte arriba. Me llamó mucho la atención que esta zona está invadida por uno de los grandes males de muchas de las zonas de bosque de Galicia, los grandes huertos de eucaliptos. Poco a poco estas grandes huertas están invadiendo todo el norte de la península. Primero fue Galicia. Ahora veo que se están aplicando en Asturias. Y espero nunca lleguen al País Vasco o Navarra.

Seguimos por el camino de uso forestal, en bastante mal estado y con grandes roderadas de vehículos, con unas magníficas vistas de El Cabezu al fondo, con sus 368 metros de altura. Realmente estamos muy cerca de la costa.


En las grandes roderadas del camino nos percatamos de que realmente ha llovido mucho recientemente. Está con bastante agua, y las roderadas forman auténticas piscinas. Además el cielo está cerrado y llueve por momentos. En este punto empezamos a vislumbrar que el Tinganón va a llevar bastante agua, no lo que esperábamos en estas fechas, a principios de agosto.


Pasados unos cientos de metros, con el móvil en la mano, nos percatamos de que la hemos liado. Aunque posiblemente lo más inteligente sería seguir el track, volver sobre nuestros pasos, y buscar el camino correcto, decidimos hacer un poco de orientación. Con el track en pantalla vamos cogiendo y descartando senderos para tratar de cortar hacia la ruta de aproximación. Un primer camino-embarcada nos hace volver atrás. Llueve un poco, pero decidimos seguir.


Finalmente otro sendero parece que desciende hacia la ruta correcta que, según se puede ver en la siguiente fotografía, desde cierta altura, circula en todo momento por el fondo del valle en paralelo al Arroyo de Llovio. Hemos cogido demasiada altura, era tan sencillo como seguir el curso de agua aguas arriba.


En el sendero hacia el valle, al fondo, observamos dos lenguas de agua que surgen de la caliza. Aunque pensamos que en la cabecera de la superior sería probable se localizase la entrada a Tinganón, señalar que no se trata de dicha caída de agua, que en nuestra ruta deberemos atravesar. La boca del Tinganón, de grandes dimensiones, se encuentra a la derecha del valle, no visible desde el punto de la fotografía, en otro arroyo de la zona.


En la siguiente fotografía el fondo del valle con más detalle y las dos lenguas de agua. La boca de cueva todavía no visible.


Así vamos perdiendo altura para cortar a la aproximación correcta. El error nos va a suponer una media hora de paseo por la floresta de la zona que, como he dicho, esta formada casi en su totalidad por ecualiptos.


Al llegar al Arroyo de Llovio vemos claramente el sendero, que asciende paralelo al curso de agua. En los márgenes del río la flora es autóctona. El eucalipto todavía no ha podido con ella, y espero no lo haga nunca. Aquí todo cambia y, a excepción de un montón de tubos a lo largo de la ruta para robarle agua al río, el resto es espectacular. No estaría mal hacer algo con estos tubos. Retirarlos, soterrarlos o lo que sea, pero eliminarlos del campo de visión. Bueno, y si se soterrasen, siempre con el máximo respecto al entorno. Aunque lo mejor sería eliminarlos y únicamente hacer la captación de agua en la parte baja del arroyo.

Vamos ascendiendo atravesando algunos pequeños arroyos y saltando varios troncos de árboles caídos.



Antes de iniciar una zona de ascenso, nos encontramos un caseto que parece de captación de agua. Aquí los tubos nacen por todas partes, entre el bosque.


En la siguiente fotografía la espectacularidad del entorno boscoso, repleto de helechos, adornado por un gran tubo de PVC.


En otro punto no nos queda otra que meternos al agua para atravesar el cauce. Aquí empezamos a ver que es posible que tengamos que cancelar la actividad espeleológica. Baja mucha agua. Recuerdo ver fotografías en internet en las que esta zona se atravesaba sin mojarte los pies. De una bonita casada nace un tubo de PVC.


Seguimos ruta por el margen derecho del arroyo.


Para llegar a las dos grandes lenguas de agua que divisábamos al principio de la ruta, por su margen derecho. Ascendemos por un sendero hasta un punto en el que finaliza.



Se percibe que por la parte alta, con poco caudal, se atraviesa la caída de agua para seguir por sendero al otro lado de la misma. A esta altura, con la caída existente, y contando con que metros abajo el agua se precipita en una cascada vertical, atravesar por este punto, en caso de resbalón, sería fatal. Aquí nos surgen las primeras dudas, contando con la presencia de niños, sobre dar por finalizada la actividad.


En la siguiente fotografía la zona de paso superior.


Y en la siguiente el tramo de cascada por debajo del paso superior. No se aprecia la cascada vertical al fondo de dicha lengua.


Con estos, volvemos sobre nuestros pasos, sendero abajo, para tratar de ver la viabilidad de atravesarlo en algún punto inferior. Finalmente localizamos otro paso posible, a pocos metros por encima de la cabecera de la cascada. Nuevamente, aunque hemos perdido cota, un resbalón atravesando este riachuelo podría suponer un cierto incidente.



Después de atravesar en este punto, bastante más horizontal, y contando con la buenísima adherencia de la caliza, incluso en agua, decidimos que lo pasen los niños. Como es lógico, se ubica un adulto en agua a mitad del riachuelo, par la parte inferior, para cubrir cualquier resbalón de los pequeños.

NOTA para los lectores de la entrada.: En caso de duda, si el caudal del arroyo es alto, cancelad la actividad. Otra opción está en llevar arneses y cuerda para asegurar el paso, siempre que se tenga formación suficiente para este tipo de maniobras en agua.


Una vez pasado el cauce, y ascendido unos metros por un tramo bastante resbaladizo, observamos otro riachuelo que se une en esta zona con el recién atravesado. Seguiremos por sendero en su margen derecho. Este segundo riachuelo es el que procede de nuestra cueva.


De inmediato un tramo de pedrera, cómodo, pero ascendente.


Para volver a pelearnos con la flora autóctona. Algunos árboles caídos nos obligan a hacer un poco el tarzán (-:


Y así vamos ganando altura, siempre con el agua rugiendo a nuestros piés.


Realmente el arroyo procedente de Tinganón lleva más agua de la que desearíamos para hacer la cueva con los pequeños, aunque decidimos seguir subiendo mientras podamos, esperando que como mínimo pudiésemos llegar hasta la boca.


El sendero se vuelve más entretenido, teniendo que trepar por alguna pequeña roca.


Admiramos algunos pequeños saltos de agua, entre musgo y helechos. !!Qué zona más bonita!!


El sendero discurre, ascendente, en un bosque espectacular que nada tiene que ver con las huertas de eucaliptos que vimos al principio de nuestra embarcada.


Las paredes de caliza también empiezan a hacer acto de presencia.


Y cada vez más agua. Buff, ..., y nosotros sin neoprenos, que quedaron en el vehículo.


En cierto punto se empieza a vislumbrar la parte alta de la boca de cueva.


Y de repente, otro paso "delicado". Además, empieza a llover, y la roca está mojada y resbaladiza. Un salto de agua, con un pasamanos equipado en el margen derecho. No traemos arneses, aunque el paso, en seco, es factible. Subimos para comprobar su dificultad para volver a por los pequeños. Acompañamos en el tramo de pasamanos a cada uno de ellos, para cubrirles una posible caída. No debemos olvidar que no vamos asegurados a cuerda. En el caso de que no se tengan un cierta condición física y se esté acostumbrado a progresar en estos pasos (pasamanos), tanto los adultos, como los niños, recomendamos dar por finalizada la actividad en la base de esta dificultad.


En la siguiente fotografía progresando en el pasamanos bajo la lluvia.


Y de inmediato, sobre nuestras cabezas, se abre la gran e impresionante boca de la cueva del Tinganón.


Seguimos ascendiendo por las rocas, con el techo a gran altura.


Desde el interior el contraluz de la gran boca hace que el disparador de nuestra cámara de fotos no pare.


Antes de llegar a la primera gran sala del Tinganón, tenemos un nuevo paso en agua, este con mucha menor dificultad que el anterior (siguiente fotografía). Aunque, como siempre, tomad las medidas oportunas según el caso, las personas participantes y el caudal.


El contraluz del Tinganón, una vez más.


Y aquí cambiamos de modo pateo a modo espeleo. Seguiremos avanzando hasta donde estimemos oportuno según las dificultades que nos vayamos encontrando. En este caso, al no ser necesario según la información utilizada en la planificación de la actividad, no llevamos arneses, ni cuerdas, y tampoco neoprenos, al no ser necesarios en verano, con poco caudal. Aunque en esta ocasión ha llovido mucho y no sabemos el caudal y tipología-dificultad de los pasos que nos encontraremos. Con todo esto, lo único que montamos son nuestros cascos con iluminación. Avanzamos por la gran sala, siguiente fotografía, admirando sus grandes dimensiones.


Al fondo se hace la oscuridad.


A nuestras espaldas la entrada empieza a alejarse.


Algunas formaciones cuelgan del techo. Una larga bandera decora un lateral.


Se observa un claro sendero marcado, que seguimos. Las huellas en el suelo permiten identificar fácilmente el camino a seguir.


En todo momento intentado evitar el curso de agua.


Aunque lo que todavía no sabemos es que será imposible evitarlo.


Según nos vamos adentrando, tras pasar varias trepadas, el evitar el agua deja de ser la tónica. Ahora avanzamos con el agua cerca de las rodillas.


En otras zonas se observan amplias salas secas.


Hasta llegar a un pequeño salto en el que el agua cae con cierta fuerza (siguiente fotografía). Aunque se puede cortocircuitear por el margen izquierdo del curso, decidimos ascenderlo, después de comprobarlo, por el mismo curso del agua. Aquí el agua nos salpica algo incluso por encima de la cintura.


Para luego seguir por estrechos pasillos, buscando los pasos ideales en los que cubra lo mínimo posible.


En algunos momentos la corriente tiene una cierta fuerza, especialmente para ellos. Vamos evaluando y ascendiendo lentamente. Con niños hubiésemos preferido la actividad con menos caudal, aunque de momento todo es impresionante.


Cada vez las maniobras y oposiciones se vuelven más complejas. Aprenden que el centro del cauce es el punto de mayor corriente.


En otra zona observamos un buen número de aportes de agua al curso de agua principal. El de la siguiente fotografía, sobre una bonita formación, en el margen derecho.


Aquí son varios los nuevos aportes de agua.


O este otro, a bastante más altura, con un simpático chorro de agua. Esperamos que no llueva fuera. En todo momento, al no conocer la cueva, vigilamos el caudal y las posibles zonas secas alejadas del curso de agua que nos vamos encontrando. Son varias las existentes.


En la siguiente una trepada por agua.




Incluimos un pequeño vídeo con uno de los aportes.

video

El siguiente tramo, con este caudal, es algo más técnico. Siempre buscamos pasos en oposición que faciliten el avance con el menor contacto posible con el agua.


La corriente tira un poco. Pero seguimos adelante.


Entre pasillos y trepadas en agua.


En la siguiente fotografía otra trepada que se hace próxima a la línea de agua. Siempre un adulto cerrando una posible caída de los pequeños.



Algún hito nos sale al paso, aunque en esta cueva no son necesarios. Perderse es imposible. Simplemente se tiene que seguir el agua.


Paramos un buen rato a disfrutar de algunas formaciones que nos encontramos (siguientes fotografías).




Hasta llegar a una marmita en la que cubre bastante, por encima de la cintura (siguiente fotografía). Hay demasiada agua. Después de evaluar la jugada, buscamos las mejores maniobras circenses para pasarla mojándonos lo mínimo posible.


Y así volvemos a otro tramo de estrechos pasillos en agua.



Alguna marmita cubre por la cintura, incluso puede que algo más. En estos casos, como el siguiente, buscamos alternativas, y trepamos por la pared del margen izquierdo del curso, buscando agarres para progresar (siguientes fotografías).




Luego, vuelta al agua, curso arriba.


En otro punto exploramos distintas maniobras en oposición, con las piernas, con el culo, brazos y piernas, todas son factibles. Sin duda alguna, es una cueva muy interesante para practicar este tipo de maniobras.


Siempre poniendo los pies donde menos cubre.


A lo lejos se divisa algo de luz. Estamos cerca de la boca superior del Tinganón.


La boca superior es igual de espectacular que la inferior, de grandes dimensiones.


Nuevamente le dedicamos su tiempo a los contraluces.


De la parte superior de la boca se observa un pequeño salto de agua.




Ascendemos hasta la llegada del barranco exterior, que baja con un fuerte caudal. Aunque nos planteamos seguir hacia arriba, para buscar y volver por sendero, concluimos que los más rápido sería volver a adentrarnos en cueva y regresar sobre nuestros pasos.


Y así hacemos. A los pocos metros de iniciar el retorno, otro de los pasos que nos obliga a progresar por las paredes. En este caso por el margen izquierdo (siguiente fotografía).


Y vuelta a jugar con el curso de agua, los pasos, la corriente. Realmente es impresionante ver la cueva con un cierto caudal de agua. Esto en invierno tiene que ser de espectáculo.

Aunque pensamos que la cueva podría estar impracticable para los pequeños, contando con que no llevamos neoprenos, al final ha resultado una actividad fantástica, en la que se han probado muchas y variadas técnicas de progresión (siguientes fotografías).




Hasta volver a divisar la luz. El descenso ha sido mucho más rápido. Todos los pasos eran conocidos y la zona y forma de progresar por ellos también.




Volvemos a dedicar su tiempo a disfrutar de la visión de la boca del Tinganón.


Para meternos, con mucho cuidado, y protección, en los destrepes de salida de cueva.






Incluido el paso de nuestro viejo amigo el pasamanos. Al igual que en la subida, acompañamos en este tramo, por la parte de abajo, muy cerca, a los pequeños.


Miramos atrás para ver la grandeza de la boca de cueva.


Las siguientes fotografías desandando el sendero de aproximación.






Con la salvedad de que en esta ocasión si por el sendero correcto en su totalidad, sin la embarcada inicial


Los muros de un viejo molino nos llaman la atención.


Y de repente alucinamos con unas largas y gruesas raíces de PVC que discurren por el sendero.



Alguien debería hacer algo con la maraña de tubos en esta zona. En la siguiente fotografía cuatro, algunos de ellos sin servicio. Retirar el sobrante sería aconsejable. O mejor aún, retirarlos todos haría que este entorno fuese único. Una pena.


Algunos árboles caídos tratan de defenderse de la invasión de los tubos (-:


Salimos a una pradera, y los pequeños se ponen a correr. Ante esto, les llamamos para que respeten la pradera y circulen por el borde, por el sendero. Es una pradera destinada para alimentar al ganado y debemos caminar por sus límites.



En otro punto de la pradera vemos la pasarela-escalones de la siguiente fotografía. Al otro lado comprobamos que no es el camino correcto. Seguiremos por el borde de la pradera, por su interior, hasta una segunda pasarela en la alambrada que nos llevará al camino forestal de inicio de ruta y al vehículo.


Ha sido una tarde excepcional, de senderos y espeleología. Aunque a priori no las teníamos todas con nosotros, para poder completar la actividad planificada, por la mucha agua caída, ha resultado una actividad única.